Taller avanzado: La memoria como punto de partida. Escritura autobiográfica

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Como estaba previsto, comienza el Segundo Módulo del Taller Avanzado: La memoria como punto de partida. Escritura autobiográfica, que se prolongará hasta el 17 de enero, en las habituales sesiones de los martes, de 18:45 a 20:45.

En este módulo, trabajaremos con algunas técnicas que tocan con el género autobiográfico y que pueden ser utilizadas para la ficción. Analizaremos algunos textos ejemplares y extraeremos de ellos técnicas que aplicaremos a diversos ejercicios. Estas técnicas resultarán muy útiles a la hora de trabajar narrativa de ficción, tanto en sus variantes más breves como en la novela.

Aunque está principalmente destinado a los talleristas del ciclo avanzado del taller, puede ser seguido independientemente por quienes tengan especial interés en esta materia. Más información haciendo clic aquí.

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Más microrrelatos del Taller de Textículos

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Microrrelatos y ficciones breves de Máximo González Guardia:

Angustia

Hacía calor. Necesitaba aire. Sabía que no había nadie más en la casa. Que estaba solo en su dormitorio. Pero no se atrevía a abrir la puerta.

 Extinción

Resucita el sol del añil ataúd marino, empuja con su arqueada espalda la tímida noche que queda y que sin pausa se precipita hacia el Occidente, buscando un hueco en el que permanecer. El milagro diario se cumple. Se iluminan los envejecidos parques y las yermas fábricas, las casas huecas y los mudos edificios, las frías calles y el triste barranco, los libros escritos que nunca se leerán, la iglesia inútil y su silenciosa cruz.

Nunca se atrapan: la noche y el día solo logran alcanzar sus manos en un arcano y eterno peregrinar, ajeno al recuerdo de la vida que hubo.

 Respeto obviado

“Nunca me ha gustado hurgar en la herida, pero tú eres la razón y el fin último de todos mis asesinatos” -le dije mientras introducía mis dedos en su carne sangrante.

 Fin

Mi destino pendía de un hilo. Recordé la luz de la mañana silueteando tu cuerpo que en la noche descubrieron mis manos. Al igual que yo, el sol apretaba tu cuello. El verdugo abrió la trampilla.

 Destino

Los caminos del Señor son inexcusables.

Represión

Señor, no soy digno de que entres en mi casa -dijo el centurión -pero una palabra tuya bastará para matarte.

Todo era bueno

Y vio Dios todo lo que había hecho, y todo era muy bueno. Y fue la mañana y la tarde del día sexto, después llegó la ciega noche y soñó a Caín. El más bello arcángel lo tranquilizó.

 Estafa

Al cabo de un tiempo cayeron en la cuenta de que los lobos no se tragan a las personas sino que las desgarran y le arrancan la vida y la carne con sus dientes. Caperucita lleva años viviendo con la pensión de su abuela muerta y con su novio el cazador.

 La mayor traición de la Historia

“Padre, ¿por qué me has abandonado?”. Esta frase atribuida a Jesús en la cruz encierra, tal vez, la mayor traición habida en la Historia. En ese sentido -siguió apuntando- existe una exégesis bíblica poco conocida y oculta, que afirma que Jesús no estaba hablando con su Padre cuando dijo: “En tus manos encomiendo mi espíritu.”

 Verdadera historia de Job

Un día, cuando los hijos de Dios vinieron a presentarse ante Yahvé, apareció entre ellos Satanás. Yahvé le dijo a Satán: “No te has fijado en Job. Es mi hombre más honrado.” Satanás lo provocó diciendo:  “Job te es fiel por que dispone de todo. Extiende tu mano y toca sus pertenencias y verás cómo reniega de ti.” Y Yahvé respondió: “Hazlo. Pero no lo toques a él.”

Y Satanás acabó con sus riquezas y palacios, con su rebaños y sus prados, con sus hijos e hijas, con su fortuna acabó. Y Job se rasgó las vestiduras y maldijo su suerte pero continuó haciendo alabanzas al Señor.

Otro día en que vinieron los hijos de Dios a presentarse ante Yahvé apareció también Satanás. Yahvé le dijo a Satán: “No te has fijado en Job. Es mi hombre más honrado. Aún pasando penurias teme a Dios y se aparta del mal”. Satanás lo provocó diciendo: “Job te es fiel por que está saludable. Déjame enfermarlo y verás cómo reniega de ti.” Y Yahvé respondió: “Hazlo. Pero no toques su vida.”

Y Satanás envió todas las enfermedades conocidas y por conocer hasta que Job no pudo más y blasfemó.

Y estando Yahvé en su trono celestial le dijo a Satanás: “Tenías razón hijo mío” y fulminó a Job con un rayo.

Apolo y Dafne

Ya sabía Dafne que aquel iba a ser su último día. Las repetidas e insistentes peticiones de Apolo para yacer con Él, lejos de desaparecer, arreciaban en su oído y su cuerpo amplificadas por su hermano Eros, quien se creía con las claves del amor y el desamor. Siempre ebrios de néctar y con la protección de Zeus, hacían y deshacían a su antojo.

Con la ayuda de su padre, Dafne se convirtió en la primera mujer inocente que huye para vivir.

Apolo, que siempre creyó en los oráculos, piensa que es un laurel. Dafne escapó a otras latitudes y aún hoy permanece entre nosotros siempre cambiante, siempre luchadora. Se llamó Flora Tristán, Louise Michel, Marie Curie, Clara Campoamor, María Cano, Marvel Scholl, Genora Johnson Dollinger, Natalia Sedova, Pen Pi Lan, Wangari Maathai…

Pinocho moderno

Cada noche, millones de conciencias abandonadas grillan en mi jardín.

 Descartes y su perra

“Pienso, luego existo.” Descartes.

“Pienso, luego como.” Lulú.

 La historia de Fray Lorenzo y Romeo

“Un cuerpo muerto atravesado por una daga no sangra.” A esta conclusión hubiera llegado cualquier médico que examinara el cuerpo pálido e inerte de Julieta, atravesado por su cuchillo y sin rastro de sangre a su alrededor. Pero sus familiares no tuvieron duda:  “¡Murieron de amor!” y los cuerpos fueron colocados en las criptas familiares.

A las dos horas y cuarenta minutos Fray Lorenzo fue a buscar a  Romeo, que habría salido de su coma inducido. Fue fácil que un franciscano engañara a una quinceañera dándole cicuta por adormidera y una vez muerta, clavarle su propio puñal. Por fin podría vivir su amor puro con el elegante Romeo.

Ahogo

Grandes e hipnóticos, profundos, cristalinos, serenos y risueños, azules y verdes, húmedos e inmensos, mi cuerpo lo absorben tus ojos. Lo atrapan. De cerca me reflejo en su superficie vítrea, me miro rodeado de la esmeralda de su fondo. Muevo mis manos, las agito, pero no puedo escapar y me hundo en tu mirada. Me ahogo.

Las sombras

La forma distorsionada de mi cuerpo se refleja en tu pupila. Me absorta el oscuro de tu ojo y los rápidos movimientos de la persona encerrada en él, que soy yo. De cuando nos quisimos, de las ropas en el pasillo y el colchón caliente. De los gozos, los soles y la lluvia. De cómo amaneció la ilusión en tu vientre y de cómo murió apenas sentida. De los reproches y la distancia. Del miedo y el descontrol. De la ausencia y de la huída. De mis manos apretando el cuello del ojo que me mira.

Resolución de la crisis

Estoy en Las Cuevas del Rey. Estas pueden ser mi últimas palabras porque los  bombardeos cada vez son más frecuentes. No sé cuanta gente quedará viva. Quiero dejar constancia de lo que pasó. Hace dos años El Hierro entró en erupción y un terrible seísmo condujo a un maremoto que asoló la Costa Este de Estados Unidos. Todo fue rápido. Llamada de embajadores a consultas. Presión mediática. Presunta colaboración musulmana. Identificación de grupos subversivos. Represión local. Las empresas armamentísticas se frotan las manos. Comienza el bombardeo de la OTAN, “Amarga Fortuna”. Silba el cielo. Ya están aquí.

Microrrelatos del Taller de Textículos

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Microrrelatos de Belkys Rodríguez Blanco:

SIMPLE DEDUCCIÓN

(Sínquisis)

Gastaron las migas a Pulgarcito de pan una broma: a la ciudad de vuelta de llevarlo en vez a casa  Nueva a condujeron York. Guardián fue a parar del magnífico celoso  del toro desconcertado guardián delante de bronce del poder. Leñadores lo miró a de aquellos el hijo grandeza directamente entonces pobres se dio cuenta a los cuernos de su propia diminuto.

MAL DE AMORES

Logo-Rallye:

monocordio-estafador-sustanciar-aguacatal-florecido-reunificación

El emperador Yan Sé se enamoró de una muchacha que tocaba el monocordio como nadie. Los nobles de la corte preocupados por un estafador que se había instalado en el palacio haciéndose pasar por bufón, no se dieron cuenta de que el emperador había comenzado a tener actitudes muy raras, como la de sustanciar poesías de autores muertos de forma violenta o la de pasear alelado por el aguacatal florecido que había mandado a plantar en los jardines del castillo. Cuando la muchacha murió repentinamente los dignatarios respiraron aliviados, pero por poco tiempo, porque el amor que Yan Sé profesaba a la chica era tan grande que se había comprometido con ella a tramitar la reunificación de su numerosa familia que residía en Rumanía. A los estupefactos miembros de la corte no les quedó más remedio que aceptar semejante desatino, por lo que en un mes los hermosos jardines de la mansión se llenaron de carpas, de mujeres que leían las manos de los visitantes y de chiquillos mugrientos que correteaban y chillaban por doquier.

EL PEZ DEMENTE

(Lipograma)

Desde que emerge el pez que te enternece te bebes el jerez, te crees breve, celeste. Es que el pez se cree demente desde que te ve.

EL DEDAL

Prisionero durante horas, el dedo pide a gritos la liberación. Ella escucha su reclamo y lo complace quitándole el pequeño utensilio de costura que lo cubre. Observa la  simplicidad de su estructura durante unos segundos y luego lo deja sobre la mesita de la sala. Le duele el cuello y tiene los ojos enrojecidos. Mucho zurcido y poca ganancia. Después de unos minutos, resignada, se inclina para cogerlo y reanudar la faena; pero, lo que ve la deja con la boca abierta y el brazo suspendido. La fuerte explosión sacude el dedal. Una piedra, luego otra, salen disparadas y se incrustan en el techo. Un líquido rojo y espeso emana de su interior y amenaza con derramarse; sin embargo, de repente se solidifica y se transforma en una roca minúscula que abre sus fauces y comienza a escupir humo y cenizas. En el principio creó Dios los cielos y la tierra y la tierra estaba desordenada y vacía, recuerda ella; aunque, nunca se lo ha tomado muy al pie de la letra. Una segunda explosión sacude la mesa y el suelo. El dedal se tambalea y luego de unos brevísimos segundos se estabiliza. Se inclina sobre la mesa y su asombro es aún mayor: la roca ha desaparecido y en su lugar se extiende una pradera con un finísimo pasto de terciopelo verde. Un hombrecillo desnudo la mira desconcertado. En la mano derecha sostiene una costilla y en la izquierda una manzana. Entre la hierba, muy cerca de los pies del hombre, se arrastra sigilosa una serpiente con ojos de mujer.

 

EL VIEJO

Ahí va otra vez, arrastrando los pies por el paso de peatones. La espalda encorvada, la vieja camisa de rayas abotonada hasta el cuello, el pantalón sucio, el sombrero encajado hasta las cejas y el bastón de madera como prolongación de su brazo atornillado. Dicen que lo perdió en la última guerra, o la penúltima, no recuerdo bien. Todos los días cruza la calle a las dos en punto. Lo veo desde el balcón mientras me fumo un cigarrillo. El humo me nubla la vista. Sé que se llama Gervasio. Seguro tendrá una familia numerosa, se sentará en una mesa de caoba mientras su mujer le sirve la comida. Los hijos le preguntarán sobre sus hazañas en la guerra, los nietos lo contemplarán atónitos y los biznietos echarán babas sobre la sopa. O tal vez viva solo con su perro sarnoso, en una choza inmunda, llena de ratas y cucarachas, un camastro con peste a orines, un búcaro de flores resecas al lado del retrato de la mujer muerta, una mesa coja y un taburete. Quisiera bajar y preguntarle cuántos hombres mató en combate, si le dieron una medalla por su valor y qué hizo con el brazo amputado. Pero, a la hora que Gervasio cruza la calle mi marido viene a darme la medicación. Yo le hablo del viejo y él siempre responde lo mismo. Que eso es sólo una leyenda urbana, que no hay nadie en la calle, que me vaya a la cama a descansar. Sin embargo, yo estoy segura de que no es un fantasma porque mientras me trago la pastilla lo veo alzar la cabeza. Le faltan todos los dientes, el labio superior y las cuencas de sus ojos están vacías.

La guagua

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Un cuento de Roberto Pérez:

La guagua

Sabrás que mañana, al despertar, volverás temprano a las cocheras. Entre colectores, pinzas de freno y válvulas de aceite preguntarás:

-¿Por qué no me hice guagüero?

Nadie responderá, como siempre. Solo olerá, profundamente, al aceite que lo pringa todo. Y en el fondo del taller, la guagua alemana, con motor Perkins del año 59, detenida. Era el amparo de todos los escaqueadores del taller. Contarás, una vez más, que aquel Diesel fue testigo silencioso de la desaparición de cinco personas en el túnel de La Laja. Allí hallaron el vehículo inmóvil y nadie en su interior. Nunca encontraron a los tres pasajeros que subieron a la guagua en el Hoyo, según los testigos, ni al chófer, ni al cobrador; solo aceite.

La estación de guaguas era un pedregal en aquel entonces y las guaguas se rompían como las BH (que se estropean en el primer bache). A la alemana le pusieron un motor Perkins, que salió de no se sabe dónde. Lo más curioso era que al jodío motor no le pasaba nada, pero no arrancaba.

A Felipe, le decían el guagüero, a pesar de que él era mecánico. Discutía con sus colegas siempre de lo mismo: a ver quién tenía más responsabilidad, si el conductor o el mecánico. Que si se quedaba dormido mataba a cuarenta personas y al otro no le pasaba nada, decían unos. Que si no lo engrasaban o no ponía bien la pieza, el vehículo no frenaba y se mataban todos, decían los otros. La cosa siempre iba de matar a alguien.

Felipe, lo que quería, era asustar a los compañeros para que no anduviesen por su guagua. Algo extraño pasaba en aquel lugar lleno de aceite, que lo atraía cuando estaba solo y ocioso. Y en el que oía voces que le decían:

-Cuando llegues a casa querrás matar a tu esposa por negarse a que compres la guagua. Recuerda cuánto  sacrificio te costó sacarte el carné de autobús. Y ahora solo eres un pobre aprietatuercas.

Entonces salía corriendo y se ocupaba de otro vehículo lejos de aquella extraña sensación. Pero, en el fondo del taller, el Perkins bien engrasado y la carrocería estarán allí porque sabían que volverás mañana.

Irás a tu casa y a tu mujer volverás a preguntarle:

 -¿Por qué no compramos la guagua?

Discutirás y sabrás que mañana, al despertar, retornarás temprano a las cocheras. Irás otra y otra vez al fondo. Tus jefes se han dado cuenta de que ya no eres el mecánico eficiente y trabajador que eras. Te dirán entonces  que tus servicios en la empresa ya no son requeridos y no vendrás más a las guaguas. Estarás despedido. En tu último día de trabajo irás de nuevo al jodido Perkins. Pensarás destrozarlo, cogerás el aceite rancio, quemado, más que escaldado y te asegurarás de que nunca funcionará,  pero esta vez funcionará.  No te lo esperarás. Estarás embobado. Estupefacto, te dejarás arrastrar por el sonido del Diesel hasta el mismo corazón de los engranajes.  El movimiento del pistón dentro del cilindro, bien engrasado, hará que tu mente se dispare y navegarás entre sábanas celestes exhalando suspiros almibarados mientras follas como un poseso. Pero eso será cuando vuelvas a casa, parado y en guagua.

Llegarás a casa

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Un cuento de Pedro Lezcano Jaén:

Llegarás a casa

Viernes, 15: 30 horas: tomarás la línea 2 en la parada del mercado del Puerto, como haces cada día. Subirás los dos escalones precarios de la guagua y ficharás sin mirar, como siempre. Te volverás a sentir cansado, sudoroso, sucio tras horas de trabajo rutinario. Embadurnándote entre los pasajeros encontrarás tu sitio a mitad de pasillo, de pie, apoyado en el cristal. Con la mirada perdida en la calle soñarás con tu joven esposa, con tu ático en la Avenida Marítima; con los aromas del hogar. Recordarás tus años de soledad y te sentirás afortunado. Aunque te veas gordo y viejo, una mujer ha visto el valor que hay en ti; ella te dará su juventud, su amor, y tú se lo darás todo, todo. Divisando la Fuente Luminosa girarás sobre ti mismo, ya quedará poco. No verás a nadie entre tanta gente de brazos en alto, sus cuerpos inestables; solo querrás llegar y descansar; tendrás hambre y, con un breve cerrar de ojos, imaginarás tu plato sobre la mesa, te alcanzará incluso el aroma de los calamares en salsa de los viernes; cómo la quieres a tu mujercita, y cómo te gusta tu vida, a pesar de todo. Verás pasar el mosaico naranja de los Edificios Múltiples, y enseguida el Hotel Iberia. Estirarás entonces un brazo y hundirás el botón de próxima parada. Tomarás posición frente a la salida y se te harán eternos los minutos, pero te animará reconocer la marquesina que señala tu destino;  tus manos, aferradas a los tubos empezarán a ceder, inquietas.  Aspirarás el aire caliente de junio que se cuela por las ventanillas altas, y te volverás a agobiar, fatigado, estrecho. Personas sin rostro te manosearán, húmedas y derrotadas como tú, pero no verás a nadie; tampoco verás a un joven de camiseta blanca, con un enorme okey en el pecho y vaqueros roídos, que se te pega y te observa. Ni te extrañará que, aunque parezca querer bajarse en la misma parada que tú, no lo haga. La guagua reducirá con pena hasta el cero, las puertas se abrirán chillando y tú, bien situado, serás el primero. Apoyarás el pie izquierdo en el escalón y buscarás la acera con el otro; y en ese paso programado, notarás el pinchazo de la aguja en la nuca, pero seguirás calle arriba sin mirar atrás, sin buscar razón y sin notar que el tipo del okey te sigue mirando desde la guagua. El agotamiento será mayor, de pronto no te creerás capaz de alcanzar tu zaguán, tan fresquito, antesala de tu felicidad, pero continuarás, resistente como eres. Un calor ácido invadirá tus arterias desde tu cuello hacia el resto de tus extremidades; entonces bajarás la mirada a tus pies, incapaces, sin sombra, y a las baldosas agrietadas y resecas. Todas las cosas que deberían ser estables se agitarán, el árbol, el parque, tu edificio, tu propio cuerpo, tan pesado. Al fin caerás al suelo, como lo haría un cerdo cebado. No sentirás ya nada, ni el dolor. Sin consciencia, sin vida. Serás un grumo en la explanada, mojado y recalentado. Algunos te observarán con desdén al pasar, como se mira a un borracho exhalando su mona. Otros expresarán primero su pena y solo después su prisa. Pero alguien habrá que hincará sus rodillas y te palpe, y se alarme, y grite, y llame.

Mientras, a pocos metros pero en lo alto, con la salsa y los calamares fríos yo, satisfecha y en silencio, ensayaré mis lágrimas y mi angustia.

Suena el teléfono, empieza la función.

Plazas para el Taller de Introducción a la narrativa

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Aunque ya han dado comienzo las sesiones del Taller de Introducción a la narrativa,  en el Taller de Creación y Artes Escénicas Josefina de la Torre, de la ULPGC, aún quedan algunas plazas disponibles. Si no te enteraste a tiempo de la primera convocatoria, solicítanos información acerca de horarios, contenidos y precios.

El horario de atención para formalizar la matrícula es de lunes a viernes de 13:00 a 16:00.

Anroart Ediciones

c/ Santa Juana de Arco, 46 (Local)

35004 Las Palmas de Gran Canaria.

Teléfono: 928339021.

Email: tallerliterarioanroart@gmail.com

Microrrelatos 5

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Microrrelatos de Mercedes Arocha:

Una cuestión pendiente

Fluabert nos lo tenía que haber aclarado. Probablemente  las  cosas le hubieran ido mejor  al señor Bovary  de  haber  salvado la vida  a su primera mujer.

 Ucronía

Franco  era un hombre alto, esbelto, sin complejos,  nunca llevó a cabo el  Alzamiento Nacional. ¿Qué necesidad tenía él de demostrar que era grande?

No se crean el final

Ylsa  nunca  llegó América.  Lo sé de buena tinta, al día siguiente del simulacro de despedida de su amado  Rick,  un paparazzi  los sorprendió muy acaramelados cantando fados en Lisboa.

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