Cuatro microrrelatos de Raquel Romero Luján:

Entente cordiale

El flamboyán lucía ahora sus flores de verano: la estrella anaranjada de cinco puntas coronada por el trébol rojo de cuatro pétalos. Se hizo experta en su fisionomía de tanto barrerlas. Millones de arcos diminutos, amarillos o verdes, que hilvanaban sus hojas como abanicos de brisa en la copa se burlaban de ella desde el suelo durante el año. Es el precio que impone la sombra.

Dejó de barrer y se tumbó en la alfombra recién caída. ¿Para qué resistirse al caos?

De cómo Ícaro se convirtió en lunático

Nadie sabía que la verdadera pretensión de Ícaro era estar siempre bronceado. Volaba libre cerca del sol; temerario pero feliz, hasta que algún médico moderno le diagnosticó como tanoréxico. Ya no se arriesga a que se derritan sus alas. Solo se le permite tomar baños de luna. El único tono de piel que consigue es un frío metalizado; se le ve desdichado aunque tranquilo. Ahora todos le llaman lunático.

Fantasía umbrosa I

Nadie advirtió su presencia en la noche; es el inconveniente que tiene ser una sombra.

Fantasía umbrosa II

Cada día que pasaba aparecía un nuevo lunar en su cuerpo, hasta que al fin se transformó en una mancha uniforme. Ahora le dicen “La Sombra”.

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